domingo, 20 de julio de 2014

Los aguerridos excursionistas

El viernes, a hora temprana, los aguerridos expedicionarios, mochila en ristre, comenzaron a devorar kilómetros. Primera parada en las piscinas de Navaluenga. Segunda en Venero Claro. Y tras 17 kms, piscinón en el camping y noche de estrellas para compartir las legendarias narraciones de heroicidades y logros obtenidos.
Nos costó que el segundo día de marcha fuera el único nublado del mes de julio pero el encargo permitió hacerlo a paso rápido y llegar a Cebreros para la comida.
En la siesta, casos del virus incómodo mientras el resto disfrutaba del descanso, las cartas y la conversación.
Así las cosas la prudencia mostró como conveniente suspender la tercera etapa para no forzar maltrechos estómagos. Día en la acampada y reposo reconfortante.
Mañana Ávila. Nos esperan dos jornadas de voluntariado.
En el corazón los aprendizajes de la marcha: que no todo depende de nosotros; que en la vida las circunstancias se nos imponen en forma de sol, de virus o de problemas aún mayores y que felicidad es el arte de saber gestionarlas; que aprender a caminar con lo justo es preámbulo de la austeridad que fortalece los corazones; que los caminos, como la vida, están hechos para ser compartidos; y que buscar nuestros límites es cauce para reconocer el valor del otroy el de Dios. Ni el virus incómodo fue capaz de empañar el aprendizaje, claro está. Mañana Ávila y otros caminos a recorrer, los que llevan hacia los pobres.

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