domingo, 20 de julio de 2014

Ocio alternativo

La primera velada de nuestro campamento fue un viaje en el tiempo a los parques y jardines de hace veinte años.

La peonza, la rayuela, la comba y la goma mostraron su capacidad, aún más meritoria en estos tiempos de redes sociales y juegos virtuales.

Han acaparado los tiempos libres de estos últimos días y hemos completado la propuesta con la visita a las playa fluvial de Navaluenga el viernes. Allí desplegamos un taller de pulseritas de tal éxito que tres lugareños solicitaron incorporarse.

Sentados en el poyete del río, los monitores disfrutamos de una de las experiencias más gratificantes de un campamento: la certeza de que no hay invento tecnológico capaz de competir con un juego impregnado de creatividad, ilusión y criterios educativos.

Seis días sin redes sociales. Sin internet, sin play. Y está descartado que el virus gástrico tuviera relación con esta ausencia.

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